CEIP JOSÉ RODRÍGUEZ CRUZ

martes, 21 de mayo de 2019

SMALL DIARY ABOUT MY STAY IN LUND. DAY4_ 21_5_2019

Hoy la jornada es menos apretada en lo académico por lo que tendré buena parte de la mañana para conocer la ciudad y sus lugares más emblemáticos. Más descansado tras varios días intensos, hoy sí he podido desayunar tranquilamente, conocer a la persona que regenta el hotel y pagarle, pues con las prisas de ayer me fue imposible. Entablo conversación con el dueño del hotel, quien estuvo viviendo en España por motivos de trabajo y habla bastante bien español. Me pregunta por el motivo de mi estancia en Lund, si necesito algo y me cuenta que está pensando en comprarse una casa en España, bien en Málaga o en Alicante, para ver el sol que no tiene aquí. Termina diciéndome que se ha recorrido España en coche de norte a sur y de este a oeste y que tenemos un gran país.

9:00 h. Hoy el día está nublado y la temperatura más fresca, a esta hora no superamos los 12º y no creo que alcancemos hoy los 20; aún así, es curioso ver a los suecos en pantalón corto y ligeros de ropa de abrigo. Supongo que tras el gélido frío invernal, están deseando quitarse capas. Salgo a la calle cazadora puesta y folleto en mano, con una ruta a pie que recorre los lugares más emblemáticos y céntricos de la ciudad. Ya he tenido ocasión de ver algo de esta preciosa y tranquila ciudad de calles estrechas y adoquinadas, edificios preciosos y casas de colores con tejados inclinados al estilo de los cuentos de Hans Christian Andersen, pero hoy la conoceré con más detalle. Dice el folleto que Lund es una ciudad de contrastes que mezcla lo viejo y lo nuevo, la tradición y la innovación.








La catedral de Lund es la primera y obligada parada de mi ruta; majestuosa catedral luterana que alberga un espectacular reloj astronómico de 1440. De camino al Museo de la Vida, hago una parada en el precioso edificio central de la universidad y en su biblioteca, la cual parece estar sacada de una película de Harry Potter. La fachada de la biblioteca es espectacular. Hago fotos y accedo a su interior; en una de sus salas, de estilo clásico, suelo de madera y lámparas de techo bajas, puedo observar a alumnos concentrados en su estudio todos delante de sus portátiles y tablets. Tras visitar el Museo de la Vida, me dirijo al Jardín Botánico. Ya me había dicho Silvia que era muy bonito, pero hoy he podido comprobarlo, es espectacular. Paseando por sus jardines perfectamente cuidados y verdes, es fácil experimentar una sensación de paz mientras disfrutas del color, belleza y olor de miles de plantas y árboles; una auténtica delicia. 











Tras la ruta, de vuelta al hotel, hago un alto para comprar unos pequeños detalles típicos suecos para la familia, amigos y compañeros del cole. Me hubiera gustado comprar algo más, pero el peso de la maleta no puede exceder los 20 kg y los de Ryanair son muy estrictos en esto. Ya en el hotel preparo mis cosas para ir a la escuela Varfruskolan, la cual está cerca de mi hotel. He quedado con Erika, profesora de español en ese centro, quien hará hoy las veces de anfitriona. A las 14:45 h. tengo clase.



Erika llega a la hora señalada en el lugar acordado, justo enfrente de la escuela Varfruskolan; se baja de la bicicleta y me saluda afectuosamente, se nota que es latina. Entramos en la escuela y esperamos que vayan llegando los alumnos, un grupo de 6º grado, a priori de 12 alumnos, que se ve reducido a 6. Utilizamos el patio del colegio para trabajar y delimitamos una zona de juego a fin de que los chicos no se dispersen mucho, pues son pocos y hay muchos chicos jugando en el patio al mismo tiempo. Me presento, se presentan, establecemos normas y nos ponemos en faena. Percibo que todos están algo cansados pues debe ser su última clase de la jornada y que les cuesta mantener la concentración, especialmente los chicos que, con independencia de que puedan estar más o menos agotados, muestran un comportamiento un tanto extraño y de carencia total de concentración. Me esfuerzo por hacer que se involucren en la sesión e intento motivarles; al menos siguen la clase, aunque sin demasiado entusiasmo. El resto del grupo responde de forma fantástica a los juegos que les propongo, compruebo que su motivación va en aumento y que les tengo enganchados; comprenden muy bien las explicaciones e incluso me preguntan si tienen dudas. Tras unas actividades de calentamiento, les enseño varios juegos populares españoles como me había pedido Silvia; todos les gustan, pero sin duda, el de mayor éxito, el pañuelo por parejas y con cuerdas (cuerdas que han viajado desde España). El juego les entusiasma e incluso logra captar la atención de muchos niños que estaban en el patio de recreo; involucramos a una de ellas en el juego para cuadrar las parejas. Aunque ya me he dado cuenta que los chicos son un poco distantes y que les cuesta mostrar sus sentimientos, percibo que les ha gustado la sesión y que se han quedado con muy buen sabor de boca. Me decía ayer mi colega Paul Viktor que los suecos, por lo general, son fríos y que evitan el contacto corporal, cosa de la cual me percaté ayer en la sesión con sus alumnos. Terminamos la clase como siempre en España con nuestro grito de guerra.

Compruebo que a Erika le ha gustado la sesión y especialmente ver a sus alumnos pasar tan buen rato y tan involucrados en las actividades, lo cual me agradece en varias ocasiones. Erika se empeña en invitarme a un café y a un dulce en la Plaza de las Palomas, como ella la llama, en una pequeña cafetería donde hacen los pasteles más ricos de Lund. Durante el café, Erika, ecuatoriana afincada en Suecia desde hace 10 años, me habla sobre cómo fueron las circunstancias que la trajeron a Suecia, sobre lo mucho y bueno que hizo el presidente Correa en su país, sobre la compleja situación de América Latina y sobre sus deseos de regresar a sus país, entre otras cosas, en una conversación muy agradable. Me despido de Erika mientras coge de nuevo su bicicleta para regresar a su casa. Ha sido todo un placer conocer a Erika y aprender cosas nuevas. Muchas gracias!




Son las 17:00 h. De vuelta al hotel, abro mi diario y comparto con alumnos y profesores, medios y redes sociales, la jornada de hoy. No tengo plan para estar tarde, buscaremos alguno. No olvides dejar tu comentario en el blog!


Espero todo bien por el cole. 

Erasmus en estado puro.

Un fuerte abrazo desde Lund.

Diego

lunes, 20 de mayo de 2019

SMALL DIARY ABOUT MY STAY IN LUND. DAY 3_20_5_2019

6:30 de la mañana. Suena el depertador. Me despierto con algo de sueño, ayer me quedé hasta tarde escribiendo en el blog. Aún así, es una responsabilidad que asumo gustoso de forma voluntaria, pues de otro modo, no tendría mucho sentido para mí realizar este tipo de experiencia. Podría difundir la experiencia a toro pasado como hacen la mayoría, o con un simple tuit y una foto, pero no sería lo mismo. El que todos los alumnos del cole, sus familias y mis propios compañeros conozcan casi en tiempo real lo que estoy haciendo a diario a miles de kilómetros de distancia y sean partícipes de mi aventura, es para mí una gran satisfacción de la que me siento muy orgulloso. Los cientos de visitas al blog desde que estoy en Escandinavia y las decenas de entradas y comentarios son buena muestra de ello. Tengo asumido que salir de Erasmus es volver a casa con muchas horas menos de sueño y con algún kilo de menos!

Hoy comienzo el trabajo en distintos centros educativos de Primaria y Secundaria en los que voy a tener la oportunidad de dar clase de Educación Física o estar con Silvia en sus clases de lengua materna. Espero vaya todo bien.

















7:00 h. Preparo mis cosas, mochila al hombro y me dirijo a la estación central de autobuses de Lund, la cual se encuentra muy cerca del hotel en el que me hospedo. No me da tiempo a desayunar, tengo que coger el bus a las 7:20 para dirigirme a la casa de Silvia y el comedor lo abren justo a las 7:00 h. De ahí mi comentario anterior de los kilos. Ya en casa de Silvia cogemos su coche para ir a la primera escuela de nombre Tunaskolan. De camino al colegio me llama la atención la arquitectura de las casas, sus jardines y zonas verdes, la disposición de los edificios, y de nuevo, ver a niños, jóvenes y adultos dirigiéndose en bici a su escuela o trabajo. Los carriles bici se extienden por toda la ciudad e incluso hay semáforos específicos para ellos. Es obligatorio el llevar casco hasta los 15 años, si bien los adultos son muy pocos los que lo llevan. Me gusta especialmente las bicicletas que tienen el carrito delante donde llevar a los niños, el perro o las bolsas de la compra; me dice Silvia que son unas bicicletas de diseño danés muy caras que alcanzan los 1.200€.














Los suecos tienen un alto grado de conciencia medioambiental y se sienten muy identificados con la naturaleza y su cuidado. Me dice Silvia, que es tal su compromiso en este sentido, que recientemente se ha producido una gran polémica debido al sacrificio de un cisne en Malmo que al parecer se puso agresivo con un piragüista, y que incluso existen señales de tráfico que indican precaución por el paso de gansos o cisnes.

8:00 h. Llegamos a la escuela Tunaskolan donde Silvia da clase de español a 4 alumnos. Me enseña un poco el centro y esperamos en la entrada a que lleguen sus estudiantes. Mientras, hago fotos del mobiliario y disposición de los elementos del patio que me llaman la atención. Los niños comienzan las clases a las 9:00 h, pero hay un aula matinal en el patio vigilada por monitores de 8:00-9:00 h. Una de ellas se acerca a nosotros para decirme que está prohibido hacer fotos de los alumnos y que las borre. Entiendo su preocupación y su obligación por cumplir las normas, pero no es mi intención publicar la imagen de ningún niño. Llegan tres alumnas de Silvia, uno de ellos falta hoy por graves problemas de salud de su mamá. Con tan pocos alumnos es muy difícil plantear una sesión de Educación Física al uso, por lo que Silvia y yo nos integramos en el grupo a fin de incrementar su número. Todas son alumnas cuya madre/padre es español o latino y tienen al castellano como lengua materna. El objetivo fundamental del Instituto de Lenguas Maternas es hacer que no se pierda la lengua materna en estos niños, muchos de ellos nacidos en Suecia, que apenas hablan español en sus casas. Me dice Silvia que todos estas alumnas entienden el castellano, pero que les cuesta comunicarse. Iniciamos la sesión, me presento y les hago alguna pregunta simple para comprobar su nivel de comprensión, establecemos normas, calentamos y les enseño varios juegos. Observo que los ejemplos y demostraciones facilitan mucho la comprensión de las reglas básicas de los juegos; es lo bueno que tiene la Educación Física, que un ejemplo vale más que mil palabras. Parecen tímidas y al ser un grupo muy reducido y el estar trabajando en el patio con muchos alumnos jugando a su alrededor tampoco facilita mucho las cosas, por lo que me esfuerzo por integrarlas en las actividad, motivarlas, hacer que participen y mantener su atención. Varios juegos en forma de pilla-pilla con balón, pies quietos o el cocodrilo, entre otros, dan forma a una sesión en la que el objetivo fundamental era que las chicas se comunicaran. Terminamos como siempre en nuestro cole con nuestro grito de guerra, pero en este caso en español: ¡¡¡Me encanta la clase de Educación Física!!!

Dejamos Tunaskolan y nos deplazamos a otro centro llamado Osterskolan situado varios Kilómetros de Lund donde Silvia tiene dos alumnos, los cuales, tras las presentaciones, me enseñan el centro y sus dependencias mientras hablan español. Del centro me gusta especialmente la plaza, un espacio común donde realizan actividades o bien los alumnos pueden descansar en un sofá o bien jugar; la biblioteca, donde tienen un árbol dentro, troncos de madera cortados para sentarse y enormes bobinas de cable industrial a modo de mesa; y por último, el patio de juegos, muy en la línea de integrar el medio natural y recursos como piedras, troncos, arena, hojas o palos, en sintonía con la propuesta de Siro López de transfomación de espacios educativos de su libro “Esencia”. Me encanta su patio de juegos y creo que a Mari Ángeles también le encantaría, pues es un espacio verde, abierto y promotor tanto de actividad física como de creatividad y fantasía. Por cierto, antes me di cuenta que los profesores que vigilan el recreo llevan puesto un chaleco amarillo para su rápida identificación por parte de los alumnos y profesores en caso de ser requeridos con urgencia.




























Uno de ellos, con ojos azules y de padre alabaceteño parece muy espabilado y listo, comprende el español muy bien y se comunica con cierta fluidez; la otra chica apenas entiende nada ni habla en castellano. A la hora del almuerzo a eso de las 11:00 h. todos los chicos se van al comedor a almorzar, donde se sirven un menú saludable compuesto por arroz, zanahoria, lechuga, pimiento rojo, unas bolitas de no sé qué eran, una salsa ligera, pan y leche. Los chicos van pasando con su plato por el buffet y se van sirviendo. Yo también hago lo propio y me siento en frente del chico con orígenes manchegos a comer algo, quien me dice que este verano viajarán en coche a España con toda su familia, a la par que hace las veces de traductor de lo que el resto de niños le piden que me diga. Finalizado el almuerzo nos trasladamos andando hasta un polideportivo municipal donde los chicos tienen clase de natación. De camino, por callejas estrechas y tranquilas de un barrio residencial, hago fotos a casas que parecen más bien sacadas de un cuento o de alguna revista. Ya en el polideportivo, la profesora organiza la sesión de trabajo de los alumnos, se cambian y se meten en el agua por grupos donde practican la técnica de braza en la mita de la piscina. La otra mitad de la piscina está siendo utilizada por el profesor de Educación Física del instituto que se encuentra justo al lado del polideportivo, Paul Viktor, y con el que he tenido ocasión de intercambiar correos para estudiar la posibilidad de enseñar EF en Inglés a sus alumnos de 7º grado, el equivalente a 1º de la ESO en España. La escolaridad obligatoria tiene una duración de nueve años en Suecia y se imparte en las escuelas básicas a los niños de entre 7 y 16 años.

Saludo a Paul de forma afectuosa y cordial, quien se muestra conmigo muy cercano y afable, lo cual le agradezco. Percibo que se alegra de conocerme; la verdad es que no parece sueco. Nos comunicamos en Inglés sin problemas mientras preparamos los materiales que voy a utilizar durante la sesión y recibimos a los alumnos en el gimnasio. Un gimnasio enorme con graderío incluido dotado de cortinas separatorias y numeroso material que ya lo quisiera yo para mí, sobre todo por lo espacioso y por la acústica. Llegan los alumnos, grupo numeroso de 25, pero con buen comportamiento y buena actitud. Tras la presentación inicial, calentamos y les enseño varios juegos predeportivos de estrategia y búsqueda de espacios que noto son de su agrado. Observo en sus caras que se lo están pasando bien, que están motivados y que soy capaz de hacerme entender en Inglés. Para finalizar hacemos un par de juegos de vuelta a la calma que, pienso, les dejan con un buen sabor de boca. Nos despedimos con un fuerte aplauso por el trabajo bien hecho y, como no, con nuestro grito de guerra: “I love Physical Education lesson”. Tengo que agradecer a Paul su amabilidad por dejarme entrar en su clase y a los chicos por hacerme pasar tan buen rato. Mientras llega Silvia, intercambio opiniones sobre nuestra área con Paul y le hago entrega de un pequeño detalle que le he traído desde España en agradecimiento junto a unos folletos turísticos de Extremadura y de Villafranca. Intercambiamos teléfonos, nos hacemos fotos y hablamos de mantener el contacto. Todo un placer, me he sentido muy agusto, gracias!









Finalizada la sesión, me dirijo al aula donde está Silvia en clase de español con dos alumnos, a la postre, chicos que había tenido ocasión de conocer en la sesión anterior. Pasamos un buen rato, mientras me cuentan cosas de su escuela, sus familiares en España y los deportes que practican, entre otros temas. Los chicos hablan muy bien castellano y comprenden todo, se nota que en su casa, sus padres se preocupan por hablarles en español para que lo refuercen y no lo pierdan. Ambos son muy buenos deportistas y sueñan con llegar ser profesionales del deporte. Terminamos a eso de las 16:00 h.

De regreso al hotel, Silvia y yo ponemos fin a la jornada en una pastelería donde Silvia me invita a un dulce y un refresco bien merecido por ambos. En el hotel, como ya es costumbre, abro mi diario y me pongo a compartir mi experiencia de hoy con todos vosotros. La primera jornada ha sido intensa, la planificación del programa para mañana es algo más tranquila.

Espero todo bien por el cole.

Erasmus en estado puro.

Un fuerte abrazo desde Lund.

Diego