6:30 h. Último día de mi experiencia Erasmus en Lund. Ya tengo la maleta casi preparada a expensas de ultimar algunas cosillas. El maletón es de cuidado, mucho me temo que pueda exceder el peso permitido y tenga que ponerme más capas que una cebolla. Ayer me dejó Silvia una báscula y rondaba los 19 kilos; veremos a la hora de facturar.
Hoy el comedor abre a las 9:00 h. por lo que no puedo desayunar ni despedirme de Stephan. Me dirijo a pie, bolso y maleta en mano, a la estación donde cojo el tren destino Copenhague. Son las 7:15 h, está nublado y hace bastante fresquito. Aunque el hotel está a unos 700 metros de la estación, las calles adoquinadas no facilitan mucho el deslizamiento de las ruedas de la maleta y máxime con este peso. La ciudad comienza a despertar, no me cruzo apenas con nadie y se respira tranquilidad. De camino a la estación, me despido de la catedral como máxima representante de la ciudad, imponente y majestuosa como siempre, hasta una próxima ocasión.
8:00 h. Cruzo nuevamente el estrecho de Oresund vía tren a través del puente que comunica Dinamarca y Suecia. Por la ventana del tren observo el movimiento de las aspas de los aerogeneradores que se ven a lo lejos y que proporcionan, en el conjunto de todo el país, el 30% de la energía que consume Dinamarca. En menos de 40 minutos estoy en el aeropuerto de Copenhague-Kastrup. Durante el trayecto, dos revisores, uno del lado sueco y otro del lado danés, pasan comprobando los billetes.
9:00 h. Me dirijo al mostrador de la aerolínea para facturar la maleta. Tengo cierta incertidumbre por saber el peso de mi maleta. Ya de por sí me cuesta una barbaridad subirla a la báscula; me temo lo peor. Efectivamente, supera en tres kilos el peso permitido. Es temprano, no hay nadie en la cola. Abro la maleta, remeto como puedo algunas cosas en la mochila y otras las meto en una bolsa; espero ahora sí la cinta se la lleve. Vuelvo a subir la maleta en la cinta, cruzo los dedos y, para mi sorpresa, la cinta se pone en acción. Uffff, qué alivio! De mañana no pasa que compre una pequeña báscula de viaje.
Hago tiempo en el aeropuerto, ya con la tranquilidad de haber facturado la maleta, miro escaparates, envío mensajes por whatsapp, observo a la gente y espero sentado en un banco que me asignen puerta de embarque. 10:30h. La pantalla anuncia la puerta F7 para el vuelo con destino Sevilla. Paso control de seguridad sin problemas y me dirijo a la puerta de embarque paseando tranquilamente. 11:15h. Abren la puerta, los que no tenemos prioridad de embarque entramos los últimos. En el avión puedo ver a varias personas con la camiseta del Valencia; entiendo que se dirigen a Sevilla para ver la final de la Copa del Rey de su equipo frente al Barcelona.
En el avión intento dormir un poco pero no lo consigo. Los azafatos de Ryanair no paran de anunciar por megafonía que van a pasar vendiendo refrescos, lotería, perfumes, bocadillos, etc… Saco la tablet, me pongo los auriculares y comienzo a ver una película que no termino de lo mala que era. Cambio de estrategia, cierro los ojos e intento relajarme; se me está haciendo el viaje un poco pesado, ya no sé cómo ponerme. Con la pérdida de altura se me revuelve un poco el estómago, menos mal que estamos llegando. Aterrizamos en Sevilla con 30 minutos de antelación sobre la hora prevista. Llamo a la empresa del párking para advertirles de este hecho a fin de que me tengan el coche preparado en la puerta. Salgo a la calle, meto mis cosas en el coche y emprendo viaje rumbo a casa. 15:30 h.
17:00 h. Llegada a Villafranca. En casa, la familia me recibe con confetis, abrazos, besos y mucha alegría. Ya había ganas de verles y de estar en casa. Los chicos me cuentan qué tal les ha ido la prueba de hoy mientras abren algunos de los regalitos que les he traído. Deshago la maleta y me siento a escribir esta última entrada de mi pequeño diario en Lund.
Toca ahora hacer balance maduro y sereno de lo experimentado y grabar a fuego en mi memoria los aprendizajes y amigos realizados; todo ello formará parte para siempre de mi experiencia vital y, sin duda alguna, me ayudará a ser mejor profesor y mejor persona. Por mi parte, tras una semana intensa de gran responsabilidad, me siento un poco vacío, pero también muy contento, orgulloso y satisfecho del trabajo realizado porque todo ha salido perfecto, gracias a Dios.
Finalizo aquí la redacción de este pequeño diario no sin antes mostrar mi agradecimiento a todos lo que han hecho posible que haya tenido la oportunidad de vivir esta fantástica experiencia en Suecia. Gracias a Silvia, por la excelente organización del programa, por su amabilidad y generosidad sincera, por abrirme las puertas de su casa y por su profesionalidad. Me decía Silvia que los inmigrantes en Suecia tienen siempre que demostrar más que los nacionales; tú no tienes que demostrar nada. Gracias a Esther, Erika y Verónica, profesoras del departamento de español en el Instituto de Lenguas Maternas por permitirme enseñar a vuestros alumnos y por vuestra amabilidad y cercanía. Gracias a mis compañeros del Grupo de Trabajo Erasmus en el cole por trabajar de forma entusiasta en la internacionalización de nuestro centro. Gracias a todos los compañeros de mi Colegio que han sustituido mi ausencia esta semana y disculpas a mis alumnos por haberles privado de la "mejor clase de la escuela"; ellos saben bien porqué lo digo. Gracias a alumnos, amigos, compañeros y familiares por vuestras muestras de cariño y por vuestros comentarios en el blog. Y por último, gracias a mi familia, sin su apoyo, ayuda y comprensión, nada de esto hubiera sido posible.
No sé cuándo volveré a abrir un nuevo capítulo de este "pequeño" diario, pero si de algo estoy convencido es que no será el último.
Un placer compartir este diario con todos vosotros y haceros partícipes de mis experiencias, temores y alegrías. Mil gracias por seguirme tan de cerca. No olvides dejar tu comentario en el blog!
Erasmus en estado puro.
Un fuerte abrazo.
Diego